Fotografía de aproximación: creatividad y atención plena

En la anterior entrada del blog comentábamos los beneficios que la práctica de la atención plena puede tener para el fotógrafo de naturaleza a la hora de limpiar la mente de prejuicios y barreras. En esta publicación vamos a centrarnos en la fotografía macro o de aproximación y en cómo la práctica de este tipo de fotografía puede convertirse, por sí misma, en una forma de meditación, cerrando de este modo un círculo virtuoso.

La fotografía de aproximación presenta una ventaja respecto a otras disciplinas dentro de la fotografía de naturaleza: el alto grado de control que tenemos sobre el escenario y la composición. Podemos elegir la dirección de la luz, variar la distancia al sujeto, modificar el encuadre con pequeños desplazamientos o decidir si incorporamos iluminación artificial. Esta amplitud de posibilidades estimula enormemente la creatividad.

Sin embargo, esa libertad también nos sitúa ante una paradoja interesante: cuantas más opciones tenemos, mayor es la tentación de dispersarnos. La fotografía de aproximación nos invita, precisamente, a hacer lo contrario: elegir conscientemente, simplificar y profundizar. En ese acto de reducción nace una atención más clara y sostenida.

La fotografía macro reduce el campo visual hasta quedarnos con pequeños fragmentos de la naturaleza que nos rodea. Este cambio de escala exige presencia. No es posible fotografiar de cerca con prisas. La profundidad de campo es mínima, el enfoque, o desenfoque, requiere precisión y cualquier movimiento altera la escena. Todo ello nos obliga a detenernos.

Y es ahí donde aparece algo interesante.

Cuando estamos realmente concentrados en una imagen —ajustando el encuadre, observando cómo incide la luz sobre el motivo, esperando el instante adecuado— la mente deja de divagar. Durante ese tiempo dejamos de pensar en los problemas cotidianos y solo existe la escena y nuestra relación con ella. A veces levantamos la vista y descubrimos que ha pasado una hora sin que apenas lo hayamos notado.

Macrolepiota procera. Una sola exposición. ICM.

Esa concentración en la tarea no deja de ser una forma de meditación: atención sostenida,  experiencia sensorial, anclaje al momento presente, etc.  No se trata de forzar un estado especial ni de “vaciar la mente”, sino de estar completamente presentes en lo que estamos haciendo.

Con el tiempo, esta forma de trabajar deja huella. Empezamos a mirar el entorno cotidiano con otros ojos y descubrimos detalles que antes pasaban inadvertidos. La atención plena mejora nuestra fotografía, y la fotografía macro, practicada con conciencia, fortalece nuestra capacidad de atención.

Empusa pennata. Una sola exposicion. ICM.

Enlazando con la cita de Proust que abría la anterior entrada al blog, la fotografía de aproximación nos recuerda que no es necesario viajar lejos para descubrir nuevos paisajes, lo extraordinario está en la calidad de nuestra atención.

Como siempre, muchas gracias por vuestro tiempo.

Javier Lafuente

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